Tlön, Uqbar, Orbis Tertius
Leí el cuento que da título a este fragmento cierta noche. Es una maravillosa y pormenorizada narración del casual descubrimiento de una empresa llevada al cabo por las personas más doctas en todas las ciencias hasta ese momento conocidas: psicólogos, físicos, geógrafos, filólogos…
El proyecto es parecido al de los enciclopedistas del siglo XVIII pero inmensamente más ambicioso. Mientras que los hombres de ciencia que dieron lugar a la Enciclopedia editada por Diderot pretendían concentrar todo el conocimiento de todas las ramas de estudio del mundo, los del relato de Borges pretendían crear un mundo nuevo con sus propios descubrimientos, con sus propios conocimientos y por supuesto, con sus propias ciencias. Borges, el genial e inimitable Borges lo describe de manera magistral:
“Ahora tenía en las manos un vasto fragmento metódico de la historia total de un planeta desconocido, con sus arquitecturas y sus barajas, con el pavor de sus mitologías y el rumor de sus lenguas, con sus emperadores y sus mares, con sus minerales y sus pájaros y sus peces, con su álgebra y su fuego […] Todo ello articulado, coherente, sin visible propósito doctrinal o tono paródico”.
No pretendo adentrarme más en el relato por dos razones: para no sesgar a algún potencial lector de Ficciones, y, porque la intención de estás limitadas letras, las mías, no es el estudio de las monumentales páginas escritas por el argentino, sino la emoción que me generó esa primer lectura del que seguramente será hasta el último de mis días mi cuento de cabecera.
Recuerdo con inusual nitidez los pensamientos que me abordaron aquélla noche, después de terminada la lectura de “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius”. “¿Acaso lo descrito realmente le había sucedido a Borges y Bioy?, ¿acaso realmente alguna mente ilimitada había pretendido crear una realidad paralela y acaso más perfecta?, ¿sería que Borges no era más que el casual descubridor de un proyecto colosal cuya sola concepción, que no su realización, implicaba una inteligencia inconcebible para el común de los hombres?”
Con los años, más cuentos y más libros y más relecturas de Borges pasaron por mis noches y mis días (“Tlön…” incluido). Reparé en que el genio de Borges le daba para crear ficciones inverosímiles pero escritas de manera tal, que parecen trascender la imaginación y parecen ser relatos de historias vistas y escuchadas y sufridas…
Después de la lectura de “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius” me ha quedado un vasto orgullo por pertenecer a éste género humano; un vasto orgullo por reparar, que en un momento determinado, uno de sus miembros (acaso no el más culto pero sí el más privilegiado con la tinta y el papel), fue capaz de concebir y plasmar el fortuito hallazgo de una conspiración para crear un planeta y una realidad inexistentes; hallazgo éste, descrito con tal dimensión de perfección y genio, que bien valdría la pena crear todo un universo para el relato de Borges.
Acaso esa historia devino en el germen para que algún hombre de nuestros tiempos pretenda, en este mundo real, emprender la creación de otro mundo con sus mitologías y sus microcosmos, sus tecnologías y sus crisis económicas recurrentes, sus cruentas guerras universales y sus cataclismos ecológicos, sus religiones corrompidas y sus tiranos, su puñado de personas de buena voluntad y un número aún menor de conciencias con esperanza.
Acaso esta creación ha comenzado a documentarse ya…
Iván Dávila
Septiembre 6, 2009
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