Prematuros
I
Llamémosle C. Tenia que llevar a su mujer a la capital a hacer no sé que trámite en la embajada alemana y decidió hacerlo en su auto, de modelo no tan reciente (el, que además no había manejado antes en carretera). Decidió además trasladarse en la hora menos recomendada: inicio su viaje ya muy entrada la noche.
No averigüe los detalles en su funeral, era ya irrelevante; C quizás decidió erróneamente su traslado a la capital (pudo ir en autobús, pudo viajar de día...), y el desenlace fue funesto y trágico, para el y su esposa. Fuimos compañeros en la secundaria; tendría al morir la edad de Cristo, acaso un año menos.
II
El deceso de E. fue el que más me dolió; apenas pasada la fiesta de Navidad vi un mensaje instantáneo que me recorrió la espina: E. tiene cáncer.
Negación, sorpresa, empatía, esperanza y miedo. Sentimientos todos ellos que me abordaron en minutos y que seguirían yendo y viniendo durante los siguientes seis meses, una y otra y otra y otra vez...
A partir de ese dia solo lo volvería a ver en cama de hospital, siempre con un ánimo indómito que nunca le vi antes (el, que hasta ese momento nunca había sido un hombre particularmente arrojado).
El vaivén de sentimientos nunca cesó, hasta el último día, aquella mañana en el que a través de otro mensaje instantáneo su hermano agradecía a los amigos de su hermano el apoyo y la compañía y nos notificaba el triste, irremediable deceso.
E. dejo mujer e hijos, y a un puñado de amigos que ahora somos mas conscientes que a veces la muerte no es más que un nombre salido de una ruleta macabra.
III
Llamémosle Tadeo Isidoro. Músico por afición y vocación. Yo le conocí en casa de mi tío J., ya que ahí pasaba la mayor parte de sus días (era como un hijo adoptivo para mis tíos, un hermano para sus hijos). Compartieron el pan y la sal, las dulces y las amargas, el ocio y hasta el trabajo.
Con mis primos tenia un grupo musical, desde hacia varios años. Hace unos días después de una tocada nocturna, fueron a cenar (como tantas otras veces después de un recital) a uno de esos lugares que ofrece viandas a trasnochados, músicos y doctores...
Tadeo se sintió mal, sus "hermanos" interrumpieron la cena y lo llevaron a urgencias. Ya no saldría con vida del nosocomio. Era, quizás un par de años menor que yo, andaría en sus tempranos treinta; fue un infarto prematuro, incomprensible, acaso inmerecido.
IV
Otra vez una red social fue el portador de la mala noticia. Alguien preguntó por G. apenas un día antes a la noche vieja. No todos lo recordaban, alguien compartió una foto salida de su Facebook. Si, era G, y acababa de fallecer. Apenas pasamos un año juntos en la secundaria (hace dos décadas), pero lo recuerdo con claridad, fuimos algo así como camaradas efímeros.
También era de mi edad. Un amigo en común me recordó un rasgo de G que hace su deceso aun mas doloroso: era un hombre noble, era un hombre bueno. Una absurda infección en un glúteo se le extendió a la sangre, y fue tarde cuando se detectó, a partir de los dolores intolerables.
Descansen en paz, todos ellos.

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