Diez mil pesos
Ya no se le puede llamar noticia a lo que se ha encarnado a la realidad. El rojo sangre de la muerte por asesinato y otros múltiples crímenes violentos son ya parte del mosaico cotidiano en el país.
Lo que a estas alturas puede generar que algún caso llame la atención es la cercanía o la celebridad de la víctima. Hace unos días el periodista Odín Ciani hizo público el trágico asesinato de su hermana, frente a sus dos hijos y su propia madre. La celebridad del doliente hizo trascender la noticia de forma tal, que en menos de una semana arrestaron al culpable.
"El diablo está en los detalles", se dice y es justamente un detalle el que encontré escalofriante en este de por si indignante homicidio: la tarifa que iba a recibir el asesino por el trabajo (la cual nunca recibió por que para colmo, este mató a la persona equivocada). 10 mil pesos.
Da rabia saber que alguien considere que la vida de una persona (mas el sufrimiento perpetuo en sus mas allegados) cuesta 10 mil pesos. Desde el punto de vista moral, es inaceptable.
Pero lo que es verdaderamente inconcebible, es que en su análisis "costo-beneficio", el matarife en cuestión haya considerado que 10 mil pesos era cantidad suficiente para correr el riesgo de ir a la cárcel por asesinato.
Esa evaluación de riesgo lamentablemente no es incorrecta. Menos de 2% de los delitos en México son castigados (estimando delitos denunciados y no denunciados), así que de no haberse equivocado de víctima y ultimado a la hermana de un periodista deportivo, lo mas probable es que el asesino andaría hoy aun campante por la calle.
Este caso termina por desnudar carencias notables en el país: la incapacidad del sistema educativo para formar habilidades y competencias que faciliten hacerse de 10 mil pesos trabajando y no delinquiendo; así como la incapacidad del sistema laboral de generar empleos mejor pagados y de mayor valor.
Sin embargo, lo que mas preocupa es el paupérrimo precio de nuestro aparato de justicia: 10 mil pesos.
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