El “pellizco”

Hace un par de años mientras comía con mis colegas del trabajo, discutíamos acerca de la felicidad o infelicidad de las personas. Yo argumentaba que las personas no son felices, puesto que la felicidad es una sensación pasajera, no un estado de ánimo permanente (nos podemos catalogar optimistas, entusiastas, bravíos y hasta risueños, pero no creo que alguien pueda permanecer "feliz" por mucho tiempo). Por supuesto fui desacreditado en aquél momento pero eso no movió un ápice mi concepto de felicidad.

Creo que la felicidad se alcanza muy de vez en cuando y es un shock, un diminuto golpe de timón que nos sacude y que nos deja un recuerdo maravilloso para el resto de nuestros días: una charla, una velada, una borrachera, un maravilloso partido de futbol, el parto de nuestros hijos, el alta médica de un familiar… Pero ese estado se alcanza durante un lapso breve, que bien es cierto que puede ser todo un bálsamo para los tiempos siguientes, pero la ebullición de dicha fue breve, como un orgasmo.

El concepto lo tomo de La vida eterna, de Fernando Savater, y él a su vez lo hace de los aficionados a los toros: pellizco, es cuando el matador hace algo inusual en su faena, que hace despertar a la afición, que le provoca un ligero ardor en el estómago y por el cual agradece a la vida haber estado en esa plaza, presenciando esa corrida, contemplando el desempeño de ese torero. Savater lo define como "el latigazo que el alma espera para lanzarse al ruedo de la vida"; la felicidad es ese "pellizco".

Pellizco es encontrar en la radio la canción de amor que le gusta a la mujer que estamos cortejando; es ser aceptado para estudiar la carrera universitaria que vos querías; es encontrar en un libro desperdigado la descripción a tu ánimo cansado; una conversación sin importancia con una persona con importancia; una plegaria, un vino, un cigarro, hasta un mal amor.

Justo ahora he recordado algunos de mis pellizcos, pero espero poder recopilarlos para una mejor ocasión. De momento voy a ver un juego de americano, deporte que debo decir, me ha obsequiado un par de pellizcos.

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