México 1810, 1910, 2010. Y cuando el pueblo despertó México seguía ahí…

Desde hace varios años había encontrado algunos autores (de mediana honorabilidad hacia abajo), vaticinando que en 2010 México entraría a su tercer gran conflicto armado. En efecto, la historia, como escribió José Fuentes Mares, es redonda, y a través de los siglos y en diferentes lugares ha mostrado ser algunas veces cíclica y hasta predecible, pero de ahí a asegurar que en 2010 habría una tercer lucha armada semejante a la insurrección de Independencia o a la cuasi amorfa balacera que conocemos como Revolución Mexicana, había mucho trecho.

México, los mexicanos, no estamos en medio de una lucha armada para alcanzar una hipotética independencia o sacudirnos sumisión alguna. El país es tan independiente como casi cualquier otro país de nuestra categoría en el orbe. La soberanía de las naciones ha dejado de ser lo que era por cuestiones de mero pragmatismo: el comercio internacional, la estabilidad financiera global y los organismos multilaterales como el FMI, tienen suficiente injerencia en la mayoría de los países como para considerar a algún país completamente independiente y libre de cualquier influencia fuera de sus fronteras. Acaso la excepción sean, de una manera más o menos relativa, los Estados Unidos y China.

En cambio, el país sí está en medio de un conflicto armado de dimensiones diferentes. No tiene mucho que ver tampoco con algo parecido a la Revolución de principios del siglo XX puesto que México vive ya una democracia, al menos electoral. No se asemeja tampoco al movimiento del EZLN a principios de los años 90. El conflicto por el que atraviesa el país, no es esto nuevo para nadie, es contra la delincuencia en cualquiera de sus formas: crimen organizado, "desorganizado", narcotráfico, grupos paramilitares… (existen otras maneras de delinquir que acaso nos duelen tanto como las antes mencionadas pero son aparentemente menos violentas y están más incrustadas en el alma nacional: los sindicalimos charros, el tráfico de influencias, la corrupción encarnada que parece enorgullecer hasta al alcalde de las más risueña y humilde de las poblaciones del país).

No pretendo analizar la llamada "Guerra contra el crimen organizado", sino hacer notar que en realidad el país sí está en medio de un conflicto de dimensiones considerables. Es cierto que todavía no hay un soldado en cada uno de los hijos de ésta tierra, como reza nuestro bélico himno nacional, pero es una realidad cotidiana que numerosas regiones del país viven en medio de toques de queda, de pólvora, sangre y sobre todo miedo y desesperanza…

Los impactos de éste conflicto trascienden el día a día de los mexicanos y tienen impacto en otros rubros (como cualquier guerra pues): paisanos que rehúyen visitar su terruño por la escalada de violencia; empresarios que prefieren dejar el país y llevarse sus familias, ideas e inversiones a otro lado; corporativos multinacionales que prefieren posponer o cancelar sus proyectos de expansión en México por los costos que implica tener cuerpos de seguridad para proteger a sus ejecutivos…

No todo en el país son bayonetazos y cadáveres. Hay mil y un razones por las que este país vale la pena: la comida, sus cantinas, su historia y cultura, sus invaluables recursos naturales, sus tesoros arquitectónicos y su gente, que por voluntad propia o no, sale a las calles todos los días a ganarse el pan toreando al infortunio y con el as de la esperanza bajo la manga. Hasta en el más pequeño de los poblados del país encontraremos una fonda o una taberna donde valga la pena merendarse unos tamales o beberse una Corona escuchando "Mi razón" con la Sonora Santanera…

Cuando los mexicanos reparemos que ya es el 2011 (no hablo de despertar puesto que la mayoría lo recibiremos despierto), confirmaremos que a pesar de todo, México seguirá ahí.

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