El honor
"Te revienta que los chavales
olviden que los buenos modales
son esenciales para robar".
Joaquín Sabina.
Aunque lo que acababa de contemplar me pareció en sumo inusual, el silencio de los demás me hizo inferir que todos entendían porque el Peak había permitido que el imbécil de Manolo lo desafiara. Por fin después de unos minutos me atreví a preguntar al Peak las razones por las que se había dejado retar sin responder nada. "El güey se armó de valor porque ahí estaba Blanca [su novia]. Nunca debes responder una agresión cuando hay mujeres presentes; las cosas de hombres se arreglan sólo entre hombres", me dijo. "Luego nos toparemos nada más los dos y ahí sí me va a conocer el hijo de su bien puta madre".
Fue hasta años después que pude darle a esa respuesta la dimensión que le he venido dando hasta hoy: hasta las acciones más ruines debieran estar regidas por principios. En el caso de mi amigo el Peak, una acción aparentemente primitiva como el liarse a golpes con el prójimo, tenía que ser regulada por algún principio: No delante de mujeres. En la canción de Sabina que tiene a bien darle sofisticación a éstas letras, hay otra frase que dice "que para hacer una buena caza, no necesita usar la navaja un verdadero profesional". Sabina se refiere a un ladrón que llegó a perfeccionar su técnica a un grado tal, que "ejercía" sin necesidad de una navaja y sin perder "los buenos modales". Hasta para robar hay que procurar la grandeza…
Para nadie es noticia la ola de violencia que azota a ésta noble y leal; hace algunas semanas me enteré de una conversación que un amigo tuvo con un policía estatal. Mi amigo hizo mención a la molestia del uniformado por la reciente muerte de dos niñas en un establecimiento comercial; aparentemente dos bandos de narcos estaban enfrascándose en un tiroteo, alguno de ellos entró a la tienda y los que lo perseguían descargaron su ráfaga de pólvora y muerte a diestra y siniestra. Que alguna de sus balas diera en el blanco era, supongo, el objetivo; que alguna otra diera en un rostro inocente, en un corazón puro, en una madre o un nieto no era asunto, supongo también, que les preocupara.
Es probable que mis siguientes letras formen un sin sentido. Me disculpo por ello, pero una parte de mí cree que la mayoría de las personas "nos ganamos la vida" de la mejor manera que podemos o con los talentos que tenemos al alcance: pateando pelotas, tocando el piano, vendiendo trajes o contestando llamadas telefónicas. Entiendo también, que el hecho que muchas personas formen parte del crimen organizado (y del no organizado), puede ser debido a factores que les son relativamente ajenos: la falta de oportunidades en el país, crudísimos problemas familiares, el desdén del gobierno y la sociedad hacia la enorme brecha que hay entre los más y menos favorecidos, la desesperanza…
El Estado debe seguir su lucha para liberar a la sociedad de la violencia que se sigue arraigando a nuestra vida cotidiana, pero por otro lado también debe facilitar las condiciones para que las personas podamos tener un nivel de vida decoroso para darle a nuestras familias, y que no resulte tan fácil y tan lucrativo el formar parte de la delincuencia. También los delincuentes podrían procurar alcanzar un poco de honorabilidad: si la vida los ha orillado a vivir del ilícito que al menos se impongan límites para no ejercer más violencia de la necesaria, para no derramar sangre inocente, para no ensañarse con su prójimo sometido…
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