Dad a FIFA lo que es de FIFA, y al fut lo que es del fut.
Cada cuatro años encontramos una lista de jugadores que lesionados que se pierden la oportunidad de jugar el Mundial: todos ellos buenos y algunos incluso con calidad de cracks (Juninho en 1998 o Romario en 2002).
Sin duda lo acontecido la víspera de la Copa de Brasil 2014 es inédito: nunca antes un número tan grande de jugadores se había lesionado con el Mundial a un par se semanas. ¿Cuál pudiera ser la causa probable? Sin duda la carga de trabajo.
En pleno verano, los futbolistas llevan detrás de sí una temporada completa de juegos de liga, copa, eliminatorias con sus selecciones, y otros juegos de altísima exigencia, como los torneos europeos (Champions y Europa League).
Sumado a ello, todos los jugadores fueron forzados a descansar una semana (lo cual es en sí positivo) para luego ser concentrados con sus equipos nacionales para encarar entre tres y cuatro juegos de preparación (en alrededor de 15 días) antes de la Copa del Mundo. Sencillamente, el futbol le está cobrando a sus organismos rectores, la factura por un calendario futbolístico repleto de partidos y una exigencia excesiva al activo más importante que posee este negocio: los futbolistas.
Durante los últimos lustros, la FIFA ha sido voraz en darle prioridad a los aspectos económicos de este deporte: fechas FIFA para obligar a los clubes a prestar jugadores seleccionados, Mundial de Clubes en diciembre (que más da que esté en medio del calendario balompédico, que se juegue en Japón y que sólo dos equipos aspiren cada año a ganar el torneo), Copa del Mundo calendarizada con calzador apenas terminadas las ligas más importantes del mundo y además jugada en los horarios más inhóspitos del verano, en pleno Amazonas...
Nada ha sido capaz de mover al monolítico organismo de su posición de generar dinero a costa de lo que sea. Con tal de obtener beneficio económico, la FIFA ha sido capaz de aliarse con gobiernos de todo tipo: regímenes fascistas (Italia 1934), dictaduras militares (Argentina 78) y hasta con la bautizada por Mario Vargas Llosa como "dictadura perfecta" (México 1970 y 1986). Adidas, uno de los principales patrocinadores históricos del organismo, tiene también su lado oscuro: los balones Fevernova que se usaron en la Copa de Japón-Corea 2002, fueron manufacturados por niños de Pakistán, India y Marruecos por un sueldo de explotación: 2 pesos mexicanos por esférico.
El colmo de la desmesura, es la reciente nominación de Qatar como anfitrión de la Copa de 2022: la elección de esta sede significa que los juegos deban llevarse a cabo a 40 grados centígrados (suponiendo que se juegan en la noche). Es sencillamente inhumano...
La reciente oleada de lesiones parece estar obligando a la FIFA a replantearse nuevamente el esquema de juego de las Selecciones nacionales. Es cierto que el Mundial generará pasión y dinero aún con las ausencias (que incluyen figuras de talla mundial), pero la FIFA no puede darse el lujo de poner en riesgo la calidad del torneo, ni su supremacía como el más importante del mundo (acaso más importante que los Juegos Olímpicos).
Urge que el organismo rector del balompié haga un ejercicio de autocrítica y colaboración con las demás confederaciones y las ligas locales de los países para poner en el centro de la planeación al único recurso indispensable en este deporte: los futbolistas (y que los intereses comerciales vengan después). Urge pues, que el propio organismo sea capaz de darle a FIFA lo que es de FIFA (planeación, organización y comercialización) y al fut lo que es del fut.
Sin duda lo acontecido la víspera de la Copa de Brasil 2014 es inédito: nunca antes un número tan grande de jugadores se había lesionado con el Mundial a un par se semanas. ¿Cuál pudiera ser la causa probable? Sin duda la carga de trabajo.
En pleno verano, los futbolistas llevan detrás de sí una temporada completa de juegos de liga, copa, eliminatorias con sus selecciones, y otros juegos de altísima exigencia, como los torneos europeos (Champions y Europa League).
Sumado a ello, todos los jugadores fueron forzados a descansar una semana (lo cual es en sí positivo) para luego ser concentrados con sus equipos nacionales para encarar entre tres y cuatro juegos de preparación (en alrededor de 15 días) antes de la Copa del Mundo. Sencillamente, el futbol le está cobrando a sus organismos rectores, la factura por un calendario futbolístico repleto de partidos y una exigencia excesiva al activo más importante que posee este negocio: los futbolistas.
Durante los últimos lustros, la FIFA ha sido voraz en darle prioridad a los aspectos económicos de este deporte: fechas FIFA para obligar a los clubes a prestar jugadores seleccionados, Mundial de Clubes en diciembre (que más da que esté en medio del calendario balompédico, que se juegue en Japón y que sólo dos equipos aspiren cada año a ganar el torneo), Copa del Mundo calendarizada con calzador apenas terminadas las ligas más importantes del mundo y además jugada en los horarios más inhóspitos del verano, en pleno Amazonas...
Nada ha sido capaz de mover al monolítico organismo de su posición de generar dinero a costa de lo que sea. Con tal de obtener beneficio económico, la FIFA ha sido capaz de aliarse con gobiernos de todo tipo: regímenes fascistas (Italia 1934), dictaduras militares (Argentina 78) y hasta con la bautizada por Mario Vargas Llosa como "dictadura perfecta" (México 1970 y 1986). Adidas, uno de los principales patrocinadores históricos del organismo, tiene también su lado oscuro: los balones Fevernova que se usaron en la Copa de Japón-Corea 2002, fueron manufacturados por niños de Pakistán, India y Marruecos por un sueldo de explotación: 2 pesos mexicanos por esférico.
El colmo de la desmesura, es la reciente nominación de Qatar como anfitrión de la Copa de 2022: la elección de esta sede significa que los juegos deban llevarse a cabo a 40 grados centígrados (suponiendo que se juegan en la noche). Es sencillamente inhumano...
La reciente oleada de lesiones parece estar obligando a la FIFA a replantearse nuevamente el esquema de juego de las Selecciones nacionales. Es cierto que el Mundial generará pasión y dinero aún con las ausencias (que incluyen figuras de talla mundial), pero la FIFA no puede darse el lujo de poner en riesgo la calidad del torneo, ni su supremacía como el más importante del mundo (acaso más importante que los Juegos Olímpicos).
Urge que el organismo rector del balompié haga un ejercicio de autocrítica y colaboración con las demás confederaciones y las ligas locales de los países para poner en el centro de la planeación al único recurso indispensable en este deporte: los futbolistas (y que los intereses comerciales vengan después). Urge pues, que el propio organismo sea capaz de darle a FIFA lo que es de FIFA (planeación, organización y comercialización) y al fut lo que es del fut.
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