El Grito que coincide con el Monday Night


Una de las muchas virtudes de mi amigo Julio Contreras es su capacidad para sintetizar conclusiones: "dos noches tengo la obligación de cenar en mi casa: Nochebuena y el día del Grito". Tuve que hacer un breve recuento aquella vez, para percatarme a mí me ocurría algo parecido, aunque mi disciplina doméstica no era tan estricta y a aquélla altura de mi vida, ya había burlado un par de esas cenas con la familia (ambas en 15 de septiembre).
La mayor fiesta de la liturgia cívica mexicana es en sí una paradoja, por no decir una contradicción. Cada año lanzamos odas y vivas a la Patria, al cura Hidalgo, a mi general José María Morelos, Allende y a uno que otro agregado según el celebrante en turno. A lo largo de más de 100 años de celebraciones del grito, se han construido varios "mitos urbanos" respecto a lanzar vivas a los hermanos Almada (los más grandes héroes de acción de la absurda cinematografía nacional después del Santo) en lugar de los hermanos Aldama; al cura Hidalgo "y su distinguidísima esposa, doña Josefa Ortiz de Domínguez"; a la propia corregidora pero con el apellido "Ortiz de Pinedo"; incluso hay quien asegura haber sido testigo de una ceremonia que concluyo con un orgulloso grito de "¡Arriba las Chivas!"…
Las contradicciones comienzan cuando los historiadores se remontan a la primerísima celebración del Grito, en Dolores, por el cura Hidalgo, este lanzo vivas a Fernando VII, rey de España y autoridad de la cual, supuestamente nos independizamos y razón por la cual celebramos la Independencia… Fue mi general Porfirio Díaz el primer presidente en presidir la celebración del Grito y esto nos lleva a otros datos desconcertantes: Díaz es el villano favorito de la historia oficial (no hay más que buscar calles con su nombre en las ciudades mexicanas para documentar su calidad de cuasi apestado) pero eso no inhibe a nadie de arroparse de patriotismo en una ceremonia tan porfiriana, que en lugar de efectuarse el 16 de septiembre (fecha en que Hidalgo dio su "grito"), se hace el 15, que fue como lo definió Díaz para hacerla coincidir con su cumpleaños.
Y así llegamos a la actualidad, en la que nuestra conmemoración patriótica es más bien culinaria: cenamos antojitos y bebemos tequila. Fuera de eso, la celebración es un reflejo de los tiempos actuales donde la economía global es la locomotora que hace girar el mundo: ondeamos banderas de México made in China, acompañamos nuestros "charros negros" con una Coca-Cola y más de uno, se incorporará al festejo (en casa, en bares, en la plaza pública) después de haber visto por tv el Monday Night Football.
Con todo y esas grietas, vale la pena subirse a la ola del fervor patrio, y festejar por una noche lo que somos; ya a partir del 17 podremos seguir trabajando en convertirnos en lo que, como mexicanos, queremos llegar a ser.

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