Rusia y sus imperios, de Jean Meyer
"La muerte de un hombre es una tragedia; la desaparición de millones de hombres es una estadística", J. Stalin.
I
A Jean Meyer comencé a leerlo en sus columnas semanales del extinto diario Público, de Guadalajara a finales de la década de los años 90. En aquéllos días yo era un estudiante de bachillerato y atravesaba por un conflicto vocacional al no estar seguro de querer cursar la licenciatura en historia (tópico que me apasiona desde la infancia pero con un mercado laboral más bien limitado) o algo con mayores oportunidades de desarrollo profesional. Después de no pocos dolores de estómago me decanté por la licenciatura en administración de empresas, no sin antes entrevistarme con un par de historiadores locales y seguir la obra de otros tantos, como Meyer, no necesariamente locales.
Su obra más reciente, en aquél momento, era Rusia y sus imperios 1894-1991 la cual jamás había leído (a pesar que me generaba un interés acaso tan inmenso como el territorio ruso) simple y llanamente por que el precio del libro estaba fuera del rango que yo manejaba (difícilmente compraba libros arriba de cien o ciento cincuenta pesos). Me limité a leer al historiador franco-mexicano en sus columnas semanales aunque en el fondo sabía que tarde o temprano terminaría por leer el libro.
Durante años seguí buscando el libro en los estantes de la librería del FCE o en el stand del CIDE en la FIL de Guadalajara aunque por alguna extraña razón lo seguía considerando fuera de mi presupuesto (aun cuando ya había comprado libros del mismo autor a un precio incluso más alto). En la FIL de 2014 lo busqué, como cada año, con desgano y más orillado por la costumbre que por genuino interés; finalmente lo adquirí, 17 años después, al encontrarlo en rebaja a sólo 139 pesos ("¿no es el libro que hojeas cada año?", me preguntó sin demasiada sorpresa mi esposa, al verme hojear el volumen en mis manos y ya pagado).
II
Meyer tiene la capacidad de llevar al lector de la mano en su narración del Imperio Ruso, la revolución bolchevique, la creación, apogeo y caída de la Unión Soviética y lo que en aquellos años se conoció como la Comunidad de Estados Independientes. A pesar que es evidente que las obras consultadas por el francés fueron vastísimas no se abruma al lector con más citas de las estrictamente necesarias (la mayoría de ellas sumamente interesantes e ilustrativas); se agradece también que se valide la situación económica de Rusia con datos estadísticos (es la economía y no las ideas el verdadero motor de las revoluciones, y por ende, de la historia; Rusia no es la excepción y así lo hace ver el autor).
El proyecto de Meyer, aparentemente mesurado al abarcar menos de un siglo de la historia de un país, es de una ambición descomunal debido no sólo a la complejidad propia de Rusia (con su territorio vastísimo, con su influencia cultural europea y a la vez asiática y su genética que va de los rasgos escandinavos a los mongólicos), sino también a las abruptas transformaciones que ocurrieron en su periodo de estudio: del imperio zarista de régimen feudal a la Unión Soviética cuyo régimen comunista puso en jaque durante décadas la supremacía de los Estados Unidos y la estabilidad mundial.
III
Rusia y sus imperios es una obra magnífica. Jean Meyer, que por cierto aprendió ruso de manera autodidacta mientras trabajaba en este libro, es capaz de estructurar la obra de forma tal que al lector (aún el no especializado en tópicos históricos) le es posible hilar las razones por las cuales Rusia pasó de una forma de (des)gobierno a otra, de una tiranía medieval a una dictadura comunista y unipersonal que llegó a seducir ideológicamente a algunos de los sectores más progresistas e intelectuales de la segunda mitad del siglo XX.
Como lección particular para los países latinoamericanos (México incluido), queda el mantenerse críticos de aquellos líderes mesiánicos e iluminados que, como Stalin, son capaces de imponer su visión de gobierno (para ellos inmaculado, incorruptible y perfecto) por encima de la democracia, las libertades individuales y el bienestar de sus pueblos.
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