El grafito y la corneta


Siguen las protestas de mexicanos por los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa en particular y por la violencia en general. Muchas de estas manifestaciones han sido genuinas, pacíficas y con un alto sentido de civilidad. Otras simplemente no. El caso del joven mexicano que irrumpió en la entrega del Premio Nobel de la Paz hace unos días, por más bienintencionado que parezca, no es el cauce que debe tomar lo que inicio como protesta y señal de indignación.
Luis González de Alba hace unos años, escribió que en algún momento los estudiantes en huelga en 1968, dejaron de tener razones para no aceptar los términos que les daba el gobierno (y además les favorecían) y regresar a clases sólo por una razón: las huelgas son divertidas, y uno de los riesgos que corren los movimientos de protesta originados por la desaparición de los 43, es que permanezcan en los gritos, en el bloqueo de vialidades y en el llano desmadre (como esas huelgas estudiantiles).
Manifestarse en uno de los foros internacionales más importantes, luce más como un acto de protagonismo personal (una imitación posmoderna del Pípila) y una excusa para pedir asilo político en un país desarrollado antes que un acto que verdaderamente pueda contribuir a esclarecer el paradero de los 42 estudiantes que siguen sin encontrarse o para reducir los niveles de influencia que hay en el país. A medida que pasen las semanas y se reduzca la indignación genuina y natural por la escalada de violencia, las manifestaciones deben pasar a un siguiente nivel para verdaderamente trascender.
Salir a las calles ciertamente es dar un mensaje: un manotazo sobre la mesa y un grito de "ya basta" hacia el gobierno (federal) pero que en realidad sigue dejando la solución del problema enteramente al mismo objeto de las protestas. La manera más efectiva de generar un cambio, quizás paulatino pero firme, es aprovechar la coyuntura y fortalecer la presencia de la sociedad civil en el ejercicio de gobierno. El cauce correcto que debe seguir lo que inicio como protesta, es la creación de organizaciones ciudadanas que sirvan para monitorear el ejercicio del poder e influenciar las decisiones de gobierno. Está demostrado que el gobierno por sí solo no han sido capaces de resolver los problemas más apremiantes del país y crear el ecosistema de desarrollo y generación de riqueza (lícita) que necesitamos los mexicanos, por lo que es imperativo que haya una sociedad civil fuerte que organizadamente proponga respuestas a los problemas comunes en lugar de gritar en las calles y cliquear "Me gusta" en redes sociales. Es momento que la ciudadanía organizada fomente el debate y el análisis, redacte sus propuestas y las haga llegar a las vías institucionales para participar de la solución de los problemas. Volviendo a la referencia del desmadre festivo como expresión social, es momento que la ciudadanía deje de hacer sonar las cornetas en la calle y empuñe el grafito y el papel.

Comments

Popular Posts