Oda a la sociedad
Desearía que el niño jugara a emular
al individuo sin rostro capaz de amar con compasión
de tolerar con generosidad
sin cuestionar al que ignora lo elemental
ni desaprobar al torpe al que se le resbala la jarra con agua.
Desearía que el niño jugara a emular
al funcionario que transita la sobria rúa de la legalidad
al mercader consciente que la riqueza se genera de sol a sol,
y se comparte bajo la luna discreta.
Desearía que el niño tuviera la certeza
que el cura y el militar y el profesor,
el congresista y el poeta y el pescador,
despiden al alba con la satisfacción del deber cumplido
y abrigados con el ropaje de la decencia.
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