Semana Mayor

"Y la Semana Grande/ ¡lo pasamos en grande!"
E. Bunbury
I
Siempre me ha causado conflicto que la cuaresma comience en silencio y recogimiento desmedido (hasta el más incrédulo y hereje suele pasar por su dosis de fervor cada Miércoles de Ceniza), y termine en comilona, peda y muchedumbre colosal en la playa. Independientemente de las muy respetables creencias de cada quien, la mexicanísima tradición del "chingue su madre el que no vaya al mar" en los días santos (con sus carreteras interminables y sus playas topadas) me parece una verdadera penitencia. Cada quien...
II
Habrá sido hace 12 años que mi camarada Ortiz y yo nos propusimos una forma alternativa de pasar los días de asueto: visitar siete cantinas el Jueves Santo. A pesar de lo bien que lo pasamos, y de la buena forma etílica que manejabamos en aquellos ayeres, el ejercicio rebasó nuestros alcances: nuestro saldo fue de 3 cantinas, un Sanborns y una fonda. Debo decir que buena parte de los trayectos los hicimos a pie, a través de la zona centro de Guadalajara y la experiencia es sumamente enriquecedora: en ningún otro momento del año se manifiesta tanto la esencia de la ciudad como en Semana Santa. Durante unos días convergen la belleza de la arquitectura colonial, la gastronomía tradicional y la metamorfosis de la ciudad que se sacude el vértigo cotidiano y vuelve a ser la "matria" (ese terruño íntimo, cercano y entrañable) para todos los que en ella habitamos.
III
Gabriel García Márquez solía releer El Quijote una vez al año, cada Semana Santa, como una manera de alimentar a su espíritu. Al fin y al cabo ese es el objetivo de estas fechas: procurar algo de paz (cada uno sabe, como el Gabo, su manera de hacerlo) y encontrar los medios de nutrir el alma, ser un poco menos hijo de puta y reconciliarse con quien se ha injuriado o, en su defecto, a quien ha desdeñado tan solo por ser distinto.

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