Voces de Chernóbil, de Alexiévich

El accidente nuclear de Chernóbil del 26 de abril de 1986 es visto como un suceso distante, de otro siglo, ocurrido en un país lejano. Svetlana Alexiévich (Premio Nobel de literatura 2015) aborda el tema desde la óptica de quienes lo padecieron o lo siguen padeciendo: personal que atendió la emergencia (a costa de sus propias vidas), sus familiares, sus huérfanos y en general, de quienes allí vivían y siguen siendo considerados apestados, "desechos nucleares" que caminan, comen y pueden contagiar al resto de la especie de peste radiactiva que llevan consigo.

Varios relatos en primera persona componen el libro, testimonios que la propia autora ha ido recogiendo. Pasa desde los que buscaban trascender como héroes soviéticos (hijos del adoctrinamiento ideológico de la URSS), pasando por los "mercenarios" que perseguían una buena paga, hasta los "voluntarios" que fueron forzados por su país a contener el impacto de la catástrofe. De no haber sido por ellos, la afectación se habría extendido aun mas allá de Bielorusia e incluso mas allá de la propia Unión Soviética. Destacable son las condiciones en que trabajaban: totalmente expuestos a la radiactividad de la planta nuclear, de la tierra que pisaban y de la leche que bebían... Sentarse en el prado (que seguía tan verde como siempre), arrancar una manzana de un árbol y comerla era masticar la propia muerte a bocaditos, silenciosamente, muchas veces, sin siquiera sospecharlo.

Se describe a los niños de Chernóbil como carentes de energía, de risas, de salud. Un ejemplo es estremecedor: una niña luce normal, juega sola, a que su muñeca enferma y le da inyecciones y medicinas.  La muñeca, como típico habitante de Chernóbil, finalmente muere y la niña la cubre con una sábana blanca... Juego macabro y siniestro pero cotidiano para esa gente.

Paradójico es el caso de los ancianos de Chernóbil: algunos de ellos pasaron por las tragediad del "gulag estalinista, Auschwitz y Chernóbil". Demasiado dolor, demasiada "historia" para una sola generación.

Actualmente hay paseos turísticos a la zona del desastre. Macabra forma de pasear y de hacer negocios. El desastre nuclear debe ser visto desde la óptica de quienes la siguen padeciendo y cuyas existencias fueron modificadas de manera radical; no como un sello mas en un pasaporte...

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