Instituciones

Rescato muchos mensajes de los discursos del pasado sábado del presidente López Obrador (me brinca involuntariamente el párpado mientras escribo esto último): no reelegirse, acabar con la corrupción, garantizar la libertad de expresión, respetar la autonomía del Banco de México y un más o menos amplio etcétera.
Una omisión colosal en su discurso fue alentar el fortalecimiento de nuestras instituciones: de imparticion de justicia, de transparencia, de rendición de cuentas y electorales.
López Obrador sigue considerando que bastan su aura de honestidad y su determinación para corregir lo que no camina en el país. Muchos de sus seguidores lamentablemente piensan igual.
Seguimos siendo un país que anhela la tutela del caudillo, que cual flautista de Hamelin, cautive y haga marchar al país al unísono. Craso error. Son las instituciones, labradas con paciencia y constancia, el "secreto" de los países desarrollados. Los atajos que han significado los caudillos en el aparente progreso de países latinoamericanos (llámense Perón, Ménem, Lula, Pinochet o Chávez) han terminado por ser remedios temporales que a largo plazo perjudican más de lo que ayudan. Ese camino, el del "país de un sólo hombre", es el que debemos evitar a toda costa.

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