Mi reseña de Temporada de huracanes



En mi habla cotidiana incluyo majaderías y palabras malsonantes en cantidades vastas, pero no soy partidario de ellas en la palabra escrita: ni en los textos que genero para mi lectura personal, ni en la literatura que consumo de verdaderos escritores.

En Temporada de huracanes, de Fernanda Melchor, abundan las groserías, adjetivos y sustantivos del habla cotidiana en México, lo cual no es un rasgo que me lleve a enaltecer la obra, aunque está utilizado de manera muy precisa y adecuada. Es obvio que la escritora busca impregnar su novela de realidad; de una realidad cruda que si no se expresa con las palabras correctas (majaderías, leperadas e insultos), corre el riesgo de quedarse corta.

El libro parte de un asesinato ocurrido en una de las tantas poblaciones en México donde abundan la pobreza, la ignorancia y la violencia, y donde el destino de sus habitantes consiste en perpetuar la eterna espiral que los condena a permanecer para siempre pobres, viciosos y manipulados.

Un capítulo en particular debería ser obligatorio en las secundarias del país. Dicho capítulo trata de la accidentada iniciación al sexo de una niña de 13 años con su padrastro. Es conmovedora la descripción de los impulsos emocionales de la menor: se entrega para, después del acto, permanecer un rato abrazada a su padrastro. No es tanto el fervor hormonal, sino la necesidad de afecto (afecto negado a la niña durante toda su vida), el origen de la cuasi incestuosa precocidad. Predeciblemente, el asunto desemboca en embarazo... 

La novela es muy buena y cumple con el objeto de conmover y concientizar (un par de risas genuinas encontrará el lector también). Acaso mi único reproche es que cada capítulo consiste de un párrafo larguísimo (en lo personal, terminar párrafos me genera una sensación de avance en mis lecturas).  Fuera de eso, me atrevo a considerar este libro como un imprescindible para un adolescente (acaso junto a Etica para Amador, de Fernando Savater).

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