Ella
Si la desmemoria no me falla acostumbro dedicar páginas en honor a mis mujeres (y sobre todo a las que nunca fueron mías) desde mis años de adolescente. Incluso a Olvido le redacté algunas líneas nostálgicas; desde el principio yo sabía que estábamos destinados a ser una estación de paso, por eso mis letras eran fueron movidas por añorar algo que todavía no estaba perdido, pero cuyo destino era escurrírseme entre las manos…
Curiosa paradoja, mis últimas letras a una mujer serán justamente para una que nunca tuve y que nunca tendré. Sé que fui afortunado de haberla conocido personalmente y sobre todo, de haberla soñado durante tantas noches mientras viví aquí. Siempre he creído que tener una mujer en quien fantasear es una dádiva que no siempre nos es dado tener y por eso precisamente hay que valorarla. Escucharla cada mañana era un bálsamo para la soledad que elegí llevar en las que, ahora lo sé, terminarían por ser mis últimas semanas, mis últimas horas. Frecuentemente detenía mis trazos sobre la pared para beber un sorbo de café (o de coñac) mientras se refería a mí como "un famoso pintor".
La soñé numerosas noches. Un hombre sólo no puede hacer sino soñar a una mujer. Me resulto imposible hacerlo con una mujer pasada, acaso real. Opté mejor por soñar una voz joven y sensual, y crear para mí a la hermosa joven portadora de esa voz, siempre con un mismo rostro y sobre todo, con los mismos ojos grandes y negros; acaso el único rasgo que involuntariamente hurté de Olvido para mi musa imaginaria. Por supuesto era diferente en la realidad, pero joven, bonita, quizás con un par de libras de más, pero aún así atractiva, me parece que inteligente y reflexiva. Creo además, con ese olfato que sólo dan los años y acaso el desuso en eso de buscar amantes, que no le resulté indiferente y que de haber buscado con algo de empeño, ahora mismo podríamos estar bebiendo vino de nuestras bocas. Sin embargo, otro olfato, el de la supervivencia, me impulsa a regresar a mi pintura, a escribir mis letras postreras y acaso a dejar en orden mis pocas pertenencias antes de encontrarme con mi cita final.
Quizás ella se entere que me será dada la muerte esta noche, o la siguiente, o después de la siguiente. Quizás sea yo quién ultime a Markovic y la policía encuentre mi nombre en algunas de sus notas y ella encuentre en el periódico que el "famoso pintor" es el asesino del pueblo. Quizás, ella regrese a esta habitación después de mi muerte a contemplar este mural "malvado" por última vez; quizás de esta manera ella se dé cuenta que durante varias semanas, fue su voz y su rostro y su cuerpo desconocido lo que encendía una minúscula luz de cordura en mi vida cansada y acaso arrepentida.
Faulques
Curiosa paradoja, mis últimas letras a una mujer serán justamente para una que nunca tuve y que nunca tendré. Sé que fui afortunado de haberla conocido personalmente y sobre todo, de haberla soñado durante tantas noches mientras viví aquí. Siempre he creído que tener una mujer en quien fantasear es una dádiva que no siempre nos es dado tener y por eso precisamente hay que valorarla. Escucharla cada mañana era un bálsamo para la soledad que elegí llevar en las que, ahora lo sé, terminarían por ser mis últimas semanas, mis últimas horas. Frecuentemente detenía mis trazos sobre la pared para beber un sorbo de café (o de coñac) mientras se refería a mí como "un famoso pintor".
La soñé numerosas noches. Un hombre sólo no puede hacer sino soñar a una mujer. Me resulto imposible hacerlo con una mujer pasada, acaso real. Opté mejor por soñar una voz joven y sensual, y crear para mí a la hermosa joven portadora de esa voz, siempre con un mismo rostro y sobre todo, con los mismos ojos grandes y negros; acaso el único rasgo que involuntariamente hurté de Olvido para mi musa imaginaria. Por supuesto era diferente en la realidad, pero joven, bonita, quizás con un par de libras de más, pero aún así atractiva, me parece que inteligente y reflexiva. Creo además, con ese olfato que sólo dan los años y acaso el desuso en eso de buscar amantes, que no le resulté indiferente y que de haber buscado con algo de empeño, ahora mismo podríamos estar bebiendo vino de nuestras bocas. Sin embargo, otro olfato, el de la supervivencia, me impulsa a regresar a mi pintura, a escribir mis letras postreras y acaso a dejar en orden mis pocas pertenencias antes de encontrarme con mi cita final.
Quizás ella se entere que me será dada la muerte esta noche, o la siguiente, o después de la siguiente. Quizás sea yo quién ultime a Markovic y la policía encuentre mi nombre en algunas de sus notas y ella encuentre en el periódico que el "famoso pintor" es el asesino del pueblo. Quizás, ella regrese a esta habitación después de mi muerte a contemplar este mural "malvado" por última vez; quizás de esta manera ella se dé cuenta que durante varias semanas, fue su voz y su rostro y su cuerpo desconocido lo que encendía una minúscula luz de cordura en mi vida cansada y acaso arrepentida.
Faulques
Comments