Independencia, ¿para qué?
Durante todo este 2010 hemos venido escuchando hasta la saciedad la palabra “Bicentenario”; desde unos comerciales enmielados dignos de los mejores años del “partidazo” hasta el torneo de futbol profesional que no se llamara “Clausura 2010” sino Bicentenario 2010…
La nacionalidad, creo que fue Borges quien lo expuso, no es más que un mero acto del divertido azar. Yo en lo personal, siento un profundo cariño por lo mexicano, su gastronomía, su cultura festiva, religión y predilección por el desmadre.
Admiro profundamente a muchos de los hombres que han tenido a bien nacer en este suelo: Morelos (de quien Napoleón dijo que con diez generales como él hubiera sido dueño de medio mundo), mi general Díaz, Octavio Paz, Cuauhtémoc Cárdenas, el doctor Zedillo…
Sin embargo, hay muchos rasgos de lo mexicano que no debieran enorgullecer ni al alma más impía de éstos lares: la corrupción endémica, la ley que es letra muerta y vuelta a morir, el paupérrimo nivel de una educación laica, gratuita, deficiente y formadora de burócratas del pupitre que quieren pagar 20 centavos al semestre y pase automático a una carrera universitaria tan sólo por el hecho de ser egresado de una prepa de la misma Universidad. ¿Así queremos competir en el mundo laboral?, mundo laboral que para colmo, no nos pedirá pelear un puesto contra egresados de la misma Universidad o de otras en el país, sino con los de Bombay, Pekín, Ontario y Mallorca…
¿Qué carajos celebramos? Es cierto que nos sacudimos el yugo español que explotó hasta el hartazgo los ricos yacimientos mineros del país y que le dio a sus propios hijos un lugar de segunda tan sólo por haber nacido de este lado del charco y no en la Madre Patria, pero lo único que ha sucedido en éstos 200 años es dejar de rendir tributo a Su Majestad el Rey de España para crear nuestra propia aristocracia de huevones y mantenidos.
¿Qué son nuestros diputados y senadores ‘mexicanos’ de nacimiento sino gachupines del siglo XXI que no nos consideran si quiera criollos o mestizos sino apenas una bola de pendejos con derecho al voto? ¿Qué es la tenencia sino un tributo disfrazado? ¿Quiénes son el seguro candidato a Presidente y su prometida sino los futuros herederos al trono que provocan la admiración y los suspiros de cortesanos y plebeyos por igual? De menos, seguro estoy, Su Majestad el Rey ni de broma le hubiera mentado la madre a sus súbditos al estilo de cierto gobernador de ésta comarca.
Vanagloriarse de una fecha tan sólo por cumplir dos siglos no tiene razón de ser; bautizar Bicentenario a un torneo de futbol, una calzada, o un crucero para extranjeros es un homenaje hueco para inyectarle más patrioterismo barato que no aporta nada a nuestra realidad. La mejor manera de preservar éste país “independiente y soberano” es trabajar con honestidad y exigir cuentas a la “huevocracia” mexicana. No me parece sensato declararnos “orgullosos de ser mexicanos” si antes no nos apenamos de la impunidad, la injusticia y la violencia que nosotros como nación independiente hemos creado y solapado. A este paso, no llegaremos al aniversario 210…
La nacionalidad, creo que fue Borges quien lo expuso, no es más que un mero acto del divertido azar. Yo en lo personal, siento un profundo cariño por lo mexicano, su gastronomía, su cultura festiva, religión y predilección por el desmadre.
Admiro profundamente a muchos de los hombres que han tenido a bien nacer en este suelo: Morelos (de quien Napoleón dijo que con diez generales como él hubiera sido dueño de medio mundo), mi general Díaz, Octavio Paz, Cuauhtémoc Cárdenas, el doctor Zedillo…
Sin embargo, hay muchos rasgos de lo mexicano que no debieran enorgullecer ni al alma más impía de éstos lares: la corrupción endémica, la ley que es letra muerta y vuelta a morir, el paupérrimo nivel de una educación laica, gratuita, deficiente y formadora de burócratas del pupitre que quieren pagar 20 centavos al semestre y pase automático a una carrera universitaria tan sólo por el hecho de ser egresado de una prepa de la misma Universidad. ¿Así queremos competir en el mundo laboral?, mundo laboral que para colmo, no nos pedirá pelear un puesto contra egresados de la misma Universidad o de otras en el país, sino con los de Bombay, Pekín, Ontario y Mallorca…
¿Qué carajos celebramos? Es cierto que nos sacudimos el yugo español que explotó hasta el hartazgo los ricos yacimientos mineros del país y que le dio a sus propios hijos un lugar de segunda tan sólo por haber nacido de este lado del charco y no en la Madre Patria, pero lo único que ha sucedido en éstos 200 años es dejar de rendir tributo a Su Majestad el Rey de España para crear nuestra propia aristocracia de huevones y mantenidos.
¿Qué son nuestros diputados y senadores ‘mexicanos’ de nacimiento sino gachupines del siglo XXI que no nos consideran si quiera criollos o mestizos sino apenas una bola de pendejos con derecho al voto? ¿Qué es la tenencia sino un tributo disfrazado? ¿Quiénes son el seguro candidato a Presidente y su prometida sino los futuros herederos al trono que provocan la admiración y los suspiros de cortesanos y plebeyos por igual? De menos, seguro estoy, Su Majestad el Rey ni de broma le hubiera mentado la madre a sus súbditos al estilo de cierto gobernador de ésta comarca.
Vanagloriarse de una fecha tan sólo por cumplir dos siglos no tiene razón de ser; bautizar Bicentenario a un torneo de futbol, una calzada, o un crucero para extranjeros es un homenaje hueco para inyectarle más patrioterismo barato que no aporta nada a nuestra realidad. La mejor manera de preservar éste país “independiente y soberano” es trabajar con honestidad y exigir cuentas a la “huevocracia” mexicana. No me parece sensato declararnos “orgullosos de ser mexicanos” si antes no nos apenamos de la impunidad, la injusticia y la violencia que nosotros como nación independiente hemos creado y solapado. A este paso, no llegaremos al aniversario 210…
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