Otoño
Recuerdo que fue un texto de Germán Dehesa el que me hizo reparar que mi época favorita del año es el otoño. La primavera es maravillosa, una especie de renacer donde florecen el ánimo y "las señoritas que aún no conocemos" (Bunbury dixit); el verano es la estación juvenil por naturaleza, la que procura la playa, el sol y la cerveza helada. El invierno tiene su aura familiar y sin duda fomenta la repartición de buenos desesos y nos hace a todos un poco más personas de buena voluntad.
El otoño, es la estación de la nostalgia y la reflexión. Los días aún son soleados pero ya no invitan al jolgorio, como en el verano, sino más bien a la contemplación, como quien disfruta un atardecer que alimenta el alma. Hay cielos grises, pero no con las torrenciales tormentas sino más bien con lloviznas que enjugan los asfaltos y de manera indirecta las gargantas: "el día está tequilero" solemos decir en éstas ocasiones.
La vegetación muta su verde a un orgulloso dorado, como dandy cuarentón que no tiene ya el porte de sus años mozos pero que con plata y una buena parla puede seducir a las mismas chicas a las que abordaba en su juventud.
El otoño es un periodo inmejorable para la lectura: los clásicas novelas decimonónicas que describen una vida tan distante de la actual, pero que a la vez nos empareja con sus protagonistas: las pasiones que inspiraron esas obras maestras de las letras son las mismas que mueven el mundo el día de hoy.
El otoño parece no llevar prisa, se puede quedar charlando largas horas mientras bebes café, al estilo de los mediterráneos; el otoño es la época de las chaquetas ligeras, las cuales portamos como una especie de síntesis de la naturaleza humana: no sólo nos tapamos por el frío, sino porque todos, sin excepción, tenemos algo que ocultar.
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