El descenso del Ave
Con la
eliminación este fin de semana de Cruz Azul y América, la fase final de la Liga
MX ha perdido a sus dos principales animadores.
Pumas de la Universidad, el otro de los llamados “Grandes” del futbol
mexicano también quedó fuera de competencia, aunque su potencial lucía menor
que el de los otros dos equipos capitalinos.
Realmente
sólo me interesa escribir de la situación del equipo azulcrema (lo relativo a
la escuadra cementera corresponde más a la tragedia griega o al psicoanálisis),
puesto que después de haber culminado una remontada épica en la ida en el
Estadio Azteca, plantearon en Torreón un partido no solamente replegado, sino
de una escuadra (y de un entrenador) ignorante de lo que es jugar un liguilla
en el torneo mexicano: típicamente el equipo que sale a buscar mantener el cero
en la vuelta, o termina eliminado o fortuitamente se encuentra con un gol de
último minuto que lo saca a flote (después de perder, por timoratos, su ínfima
ventaja y debido a que el contrario, al estar en ventaja, se tornó a su vez timorato).
El pecado
de América fue no haber buscado un gol en Torreón desde el inicio, lo cual obligaba
a Santos a anotar 3; aun así, el trámite del partido no fue completamente cuesta
arriba para las Águilas, ya que aguantaron el 0 durante 30 minutos y el gol en
contra cayó prácticamente por una casualidad (un punterazo desgraciado de J. C.
Valenzuela); el entrenador Mohamed, sabedor que si la montaña no va hacía ti
eres tú quien debe ir hacia ella, ajustó y sacó a Valenzuela por Mendoza. A partir de ahí el trámite del partido fue mayormente
de los amarillos, aunque con arribos relativamente inofensivos. Con el tiempo a favor y el control de la pelota,
sólo bastaba evitar una fatalidad para no quedar eliminados ya que en caso de
darse, el margen de respuesta era en extremo reducido.
La
fatalidad, como suele ocurrir en la fase final del torneo mexicano, llegó en la
forma de un mal rechace del portero Muñoz.
Tiro de esquina (derivado de una buena jugada del arquero, por cierto),
cabezazo a quemarropa, desvío del “héroe del 26 de mayo” que le cae directo a
Ribair para solamente acariciarla hacia el arco crema. Un par de minutos después, Rentería en una
jugada individual donde simplemente ridiculizó al capitán Mosquera, anotó el
tercer tanto que obligaba al Ave a anotar dos en menos de 10 minutos.
Sambueza, a
minutos del final, hizo el 3-2 pero ya era demasiado tarde. América no solamente había desperdiciado una
ventaja cómoda en el partido de ida (engañosa, como dicen los clásicos, pero
cómoda al fin), sino que había dilapidado su heroica remontada y el capital
emocional que un resultado de esa magnitud inyecta en los jugadores. Sin duda el planteamiento inicial del
director técnico Mohamed fue erróneo, y aunque niveló y estuvo a 15 minutos de
la semifinal, es muy obvio que al plantel no tiene el talento en algunas áreas
muy específicas para jugar al filo de la navaja: se requiere otro ariete que
genere competencia al joven Jiménez, ya que Ríos y el “Rifle” Andrade (que más
bien es un petardo) no alcanzan la categoría siquiera de relevos decentes. En la defensa, es muy obvio que Mosquera no
está para ser titular ya que su lentitud le ha costado goles al equipo (o
penales en contra, en el mejor de los casos).
Mi voto es
por la continuidad del entrenador A. Mohamed y por el reemplazo de los
jugadores arriba mencionados bajo la premisa que los resultados en el próximo
torneo deben ser inmediatos, puesto que la campaña actual no estuvo a la altura
de la grandeza del equipo ni de su afición.
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