Los Indestructibles 3


Todos los hombres que crecimos en la década de los 80's fuimos fuertemente influenciados por las películas de Sylvester Stallone: Rambo, Rocky, Cobra, Tango & Cash. Todos los hombres que crecimos en la década de los 80's y que a estas alturas del siglo 21 estamos casados, sabemos las complicaciones derivadas de pretender ir al cine a ver una película de acción pura y dura (a menos que haya un atractivo para nuestras esposas). Esto lo saben las compañías productoras, al grado que el actor recién designado como nuevo Batman tiene más de Justin Bieber que de Caballero de la Noche. En mi caso, la ausencia de un filme medianamente decente en la cartelera no le dejó más alternativa a mi esposa que acompañarme a ver la tercera entrega de una de las tantas sagas creadas por Stallone: eran los Indestructibles 3 o regresar a casa a ver el América-Jaguares.
No se le pueden pedir peras al olmo, y la película evidentemente es un absurdo almanaque de cientos de cadáveres derribados por una docena de aguerridos mercenarios (algunos ya sexagenarios), que además se dan el lujo de bromear mientras con una mano le rompen el cuello a un contrincante y con la otra arrojan (¡con precisión quirúrgica!) un cuchillo al rostro de otro. Por supuesto que dicha descripción puede lucir disparatada para el cinéfilo promedio, pero para los que alguna vez se fundaron un par de guantes de box con el objetivo de recrear la pelea de Rocky con Ivan Drago o consiguieron una banda roja para ceñírsela en la frente "a la Rambo", el derroche de pólvora y testosterona y el humor barato de la película es sencillamente un dichoso retorno a la infancia.
Dos momentos resultan memorables dentro de la película: cuando Trench (Arnold Schwarznegger) le comenta a Barney Ross (Sly Stallone): "creí que nunca me pedirías el favor", en una clara referencia a su propia rivalidad y al hecho que nunca hicieron una película juntos en su mejor momento, debido a una suerte de celos profesionales mutuos; y el otro, cuando Drummer (Harrison Ford) llega piloteando su helicóptero y salva a Barney y su equipo de una derrota inminente, en clara referencia a Han Solo y su Millennium Falcon cuando derriban las naves imperiales que estaban a punto de liquidar a Luke Skywalker en el Episodio IV de Star Wars.
La película es una buena alternativa para la audiencia que dejó sus años mozos hace un par de décadas, pero que quieren disfrutar una película de acción simple que no es para sus hijos (para ellos hay Tortugas Ninja y la saga de Avengers), ni para pretenciosos que buscan historias rebuscadas y más computadoras que explosiones. La película es pues, para aquellos adultos que deseen disfrutarla con cierto fervor infantil; al fin y al cabo, el creador de la saga parece haber construido esta historia para alimentar su propio apetito de nostalgia.

Comments

Anonymous said…
Tiene razón. Las únicas críticas, hasta ahora desfavorables, las había escuchado de personas a quienes les palticaron que Pique no siempre fue alineación Culé. Haré a un lado el desánimo del que me hicieron y agendaré la visita al cine y la obligada pausa en la dulcería.

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