Mi bolsa

"Aquí en esta bolsa me cabe la vida
con ella a la espalda soy libre otra vez"
Manuel Alejandro/ Ana Magdalena
De mi cada vez más lejana infancia, recuerdo con nostalgia la canción de Emmanuel de la que hurto las dos líneas arriba escritas para engalanar éstas letras: "El día que puedas". Una ocasión en que mis papas se pelearon (no recuerdo ni la magnitud ni las circunstancias, pero a los 5 años cualquier pelea de tus padres es equiparable con las Guerra Médicas), mi papá me llevó con él en el carro a no sé que lugar mientras escuchaba esa canción en el tocacintas: "Estoy recogiendo las cosas precisas para irme a un hotel/ un par de pijamas, jabón, zapatillas/ un par de camisas para no volver"....
Creo que me estresé esa ocasión, pero al no ver ni jabón, ni pijamas en el asiento trasero del coche (a Dios gracias mi papá no usa zapatillas), ni escuchar que la canción enlistaba al hijo primogénito me relajé. Unas cuantas horas después, el lerdo muchachito y su progenitor estaban de vuelta en la casa de la abuela materna reunidos con la abnegada madre/esposa y se acabó la angustia de la canción de Emmanuel.
Esto viene a cuento no para sacar mis traumas infantiles (para eso le pagué una buena suma a mi psicólogo hace unos años), sino para analizar las cosas que no deberían faltan en mi bolsa donde me cabría la vida. Creo que sería suficiente con:
- Jersey de los Leones Negros,
- shorts (con bolsillos; de otra forma no son más que unos boxer de presumir),
- lentes de sol,
- Biblia latinoamericana de letra chica (no queremos cargar con toda la Vulgata a nuestras espaldas),
- Ficciones, de Borges,
- "Pachita" de alcoholicazo (yeah baby!),
- una mujer en quien soñar,
- iPod con rolas de Sabina y Calamaro y Bunbury,
- cuaderno y lápiz para escribir las notas de tu travesía,
- navaja para sacarle punta a tu lápiz (puedes usarlo también para organizarte una deportación de un país extranjero, como Gran Bretaña),
- tenis cómodos,
- lavanda, para conservar olores ancestrales,
- cartera con fotos y estampitas religiosas a escoger (el dinero es opcional),
- en mi caso, jabón Lirio de lavandería, para desasolvarme la ceborrea coronaria que me engalana,
- taza térmica para fingir que bebes café cuando realmente estás chupando en la calle,
- el diario del domingo anterior,
- una muda de calzones (nunca está de más),
- celular con los números de tus familiares y amigos para marcarles en las noches de nostalgia y borrachera,
- el chiste de la familia liberal, el cual te abre muchas puertas,
- el recuerdo del primer concierto de los Fabulosos Cadillacs en el Benito Júarez ("... y todo el peso de tu mentira/ toda la vida va a estar sobre vos!"),
- y, un par de recortes con la crónica de México en el Mundial de Francia 98 de Rafael Ramos Villagrana y Juan Villoro...
Cualquier objeto fuera de los arriba listados, es puro lujo...
con ella a la espalda soy libre otra vez"
Manuel Alejandro/ Ana Magdalena
De mi cada vez más lejana infancia, recuerdo con nostalgia la canción de Emmanuel de la que hurto las dos líneas arriba escritas para engalanar éstas letras: "El día que puedas". Una ocasión en que mis papas se pelearon (no recuerdo ni la magnitud ni las circunstancias, pero a los 5 años cualquier pelea de tus padres es equiparable con las Guerra Médicas), mi papá me llevó con él en el carro a no sé que lugar mientras escuchaba esa canción en el tocacintas: "Estoy recogiendo las cosas precisas para irme a un hotel/ un par de pijamas, jabón, zapatillas/ un par de camisas para no volver"....
Creo que me estresé esa ocasión, pero al no ver ni jabón, ni pijamas en el asiento trasero del coche (a Dios gracias mi papá no usa zapatillas), ni escuchar que la canción enlistaba al hijo primogénito me relajé. Unas cuantas horas después, el lerdo muchachito y su progenitor estaban de vuelta en la casa de la abuela materna reunidos con la abnegada madre/esposa y se acabó la angustia de la canción de Emmanuel.
Esto viene a cuento no para sacar mis traumas infantiles (para eso le pagué una buena suma a mi psicólogo hace unos años), sino para analizar las cosas que no deberían faltan en mi bolsa donde me cabría la vida. Creo que sería suficiente con:
- Jersey de los Leones Negros,
- shorts (con bolsillos; de otra forma no son más que unos boxer de presumir),
- lentes de sol,
- Biblia latinoamericana de letra chica (no queremos cargar con toda la Vulgata a nuestras espaldas),
- Ficciones, de Borges,
- "Pachita" de alcoholicazo (yeah baby!),
- una mujer en quien soñar,
- iPod con rolas de Sabina y Calamaro y Bunbury,
- cuaderno y lápiz para escribir las notas de tu travesía,
- navaja para sacarle punta a tu lápiz (puedes usarlo también para organizarte una deportación de un país extranjero, como Gran Bretaña),
- tenis cómodos,
- lavanda, para conservar olores ancestrales,
- cartera con fotos y estampitas religiosas a escoger (el dinero es opcional),
- en mi caso, jabón Lirio de lavandería, para desasolvarme la ceborrea coronaria que me engalana,
- taza térmica para fingir que bebes café cuando realmente estás chupando en la calle,
- el diario del domingo anterior,
- una muda de calzones (nunca está de más),
- celular con los números de tus familiares y amigos para marcarles en las noches de nostalgia y borrachera,
- el chiste de la familia liberal, el cual te abre muchas puertas,
- el recuerdo del primer concierto de los Fabulosos Cadillacs en el Benito Júarez ("... y todo el peso de tu mentira/ toda la vida va a estar sobre vos!"),
- y, un par de recortes con la crónica de México en el Mundial de Francia 98 de Rafael Ramos Villagrana y Juan Villoro...
Cualquier objeto fuera de los arriba listados, es puro lujo...
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