Viernes Santo

Procurar guardar silencio
desde el amanecer.

Evitar la música
salvo la que sea clásica.

Ayunar,
sin perder los modales.

Asistir con consideración
al templo nuestro de cada Viernes Santo
sin elevar oraciones
ni plegarias
tan sólo vamos a darnos el pésame comunitario
por que esa noche somos ateos circunstanciales:
el Señor está tendido.

Besarle los pies inertes
y retirarse un poco
y sentir que a pesar de ser irreverentes,
acaso herejes,
el resto del año
(incluso ese Viernes)
el velo de nuestro corazón se ha razgado un poco
y el cielo tornosé más lóbrego
y nuestro frío espíritu
se calla inexplicablemente.

Acaso ese Hombre tendido
de verdad es el Hijo de Dios...

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