SB 1070
Varios años hace que,
dejé padres, suelo y bandera
del otro lado de la frontera.
Busqué hacerle faena
a un ingrato destino
que parecía inevitable.
Lavé pisos, limpié mesas
abrasé los hijos y las hijas
de otras personas y de otras patrias.
Vendí helados,
cobré sus importes,
mudé muebles, adornos, pantallas planas
conducí hasta un camión de carga;
me acostumbré a las comidas rápidas
y a los sushis y a las popusas y a los Taco Bell.
Alquilé alojamientos multitudinarios:
cuatro, cinco, seis personas compartiendo techo,
muros, aromas, miedos, ilusiones.
Conocí a una de ellas,
Francia de nombre,
poblana de rasgos y gastronomías.
Me enamoré de ella
y de éste país, y del progreso,
y del trabajo duro que implica recompensa
casa propia, hijos en la escuela,
deportistas y bilingües…
Un empleo eventual
retribuido generosamente
me tentó a no dejar ésta tierra
de leyes que castigan el idioma,
la facha y el color de piel
antes que la injusticia,
la injuria y la maldad…
Me pillaron
regresando de la marketa
el pan Bimbo y la salsa Valentina
me delataron.
Francia y los niños se quedarán,
sus documentos les autorizan a soñar.
Mañana me deportarán
dejaré esposa, hijos y bandera,
de éste lado de la frontera.
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