Cortázar inesperado


Para todos los que procuramos los libros y la literatura, Julio Cortázar es considerado una figura mítica, de culto. Rayuela, el libro que se puede leer de múltiples maneras, debe ser su obra más célebre. Yo la leí hace varios años en una edición económica y aunque no está entre mis libros favoritos, reconozco que me encantó ese producto de manufactura casi artesanal en el que Julio describe una vida bohemia para jóvenes de los años cincuenta en la metrópoli cultural por excelencia: París.

Hace un par de años me encontré en las reseñas de libros de la revista Letras Libres, una nueva obra del argentino: Papeles inesperados. Demoré unos dos años en hacerme del libro por una razón de mero pragmatismo: el volumen supera los 300 pesos (siempre he preferido comprar tres libros de 100 antes que uno de 300 pesos).

Leí Papeles inesperados hace alrededor de un mes, mientras me recuperaba de una hepatitis que me tuvo fuera de circulación algunas semanas. El libro es una clase de compendio de documentos ofrecidos por la viuda de Julio, Aurora Bernárdez, para que fueran ordenados, clasificados y editados en un libro. Hay cuentos y narraciones breves, ensayos y artículos publicados (o concebidos para ser publicados) en revistas especializadas.

Encontré bálsamo en uno de los cuentos (al fin una de las funciones primarias de la literatura y de las artes en general): el protagonista convalece de una enfermedad en un hospital y describe sin regateos ni exageraciones los pequeños cambios que uno experimenta cuando deja de ser una persona completamente sana y se convierte en un enfermo, de mayor o menor grado. Padecimientos, debo decir, que bien pueden extenderse a la gentil presencia de visitantes "inesperados".

Tengo apenas treinta años y aunque mi hermano adolescente me considera un vejestorio sospechosamente soltero, soy un mocoso imberbe comparado con personas de 50 ó 70 años: no me tocó ver jugar a Cruyff, no me fue dado ver en televisión la llegada de Armstrong (y de Estados Unidos y de la economía de mercado) a la luna, ni el asesinato de John F. Kennedy ni la vertiginosa reconfiguración del mundo desde la Segunda Guerra Mundial hasta la caída del muro de Berlín (en 1989 yo tenía apenas ocho años y estaba más interesado en terminar mis tareas para poder salir a patear balones que en la Revolución de Terciopelo). Una sección del libro de Cortázar, "Circunstancias", me ha resultado increíblemente provechosa para entender (aunque sea aisladamente) algunas de las piezas que formaron el rompecabezas que en la actualidad luce trágicamente inconexo y postrero.

Julio Cortázar escribe sus circunstancias desde su trinchera de exiliado argentino en la glamorosa París. Es notoria la simpatía del escritor por el socialismo, por la unidad latinoamericana y sobre todo un esperanzador fanatismo en el socialismo cubano. Para mí sería muy fácil juzgar lo erróneo de las convicciones del autor tres décadas después, sin embargo, me parece lógico que la comunidad intelectual internacional de aquéllos años, a la cual pertenecía Julio Cortázar, tuviera una marcada predilección por las ideas de izquierda.

La situación latinoamericana es un tema recurrente en estos ensayos de Cortázar y debe  ser esa la mayor de sus convicciones: antes que socialista me parece que Julio Cortázar es un apasionado de la unidad de América Latina. La guerrilla centroamericana, los regímenes militares en Sudamérica así como la "discreta" participación de los gobiernos estadounidenses a favor de los dictadores latinoamericanos son la constante en estos textos los cuales considero imprescindibles para la gente de mi generación y para los más jóvenes incluso, a los cuales no les fue dado ver la muerte de Colosio por televisión, que no vieron con asombro como unos aviones pusieron de cabeza a Estados Unidos y al mundo el en septiembre de 2001, y que no recuerdan a un priista como Presidente de México.

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