El traje nuevo del tlatoani

Aunque nací durante el periodo presidencial de José López Portillo, el primer mandatario que recuerdo es a Miguel de la Madrid. Y lo recuerdo por la pesadilla que era cada primero de septiembre: el besamanos presidencial en el que el país completo le tenía que rendir tributo al todopoderoso en un evento interminable en el que todos los canales de televisión (hablamos de años pre-cableros) se "encadenaban" al infumable Informe de Gobierno.
Partimos mal desde ahí: dejarme sin caricaturas a esa edad por un eterno bla bla bla es una afrenta y de las graves. Si a eso le sumamos lo que años después me fue dado leer en las crónicas periodísticas, como el abucheo (ese sí "encadenado") en el Estadio Azteca en la inauguración del Mundial de 1986, así como su bien ganada fama de ser "incluso más gris que sus trajes", mi concepto del licenciado De la Madrid no está, por decirlo de alguna manera, en lo más alto de un pedestal.
Y fue tan gris, que es el único Presidente mexicano que después de terminar su mandato ha tomado un cargo público como un burócrata más: el colimense fue de 1990 a 2000 Director del Fondo de Cultura Económica, un cargo evidentemente mucho menor que el que ocupó como Jefe del Ejecutivo; incluso, durante su sexenio cuentan que el Presidente Zedillo (1994-2000) se refería a De la Madrid como "mi empleado"...
Ahora con el escándalo por la entrevista que concedió el ex presidente a Carmen Aristegui, en la que acusa a su sucesor en el gobierno, Carlos Salinas, de inmoral, corrupto y robar la mitad de la partida secreta para gastos políticos y sobre todo su posterior retractación en una carta firmada por él, en la que asegura que por su estado de salud no puede "procesar adecuadamente diálogos o cuestionamientos" y sus respuestas en dicha entrevista "carecen de validez y exactitud", dejan a la investidura presidencial por los suelos.
Palabras más o menos De la Madrid fingió demencia para darle la vuelta a sus palabras. Que sí fue una maniobra orquestada por el PRI para "limpiar" a Salinas, o si es real que sus padecimientos le han hecho perder hasta una tercera parte de sus funciones cerebrales (así lo dice CSG en otra carta), es lo de menos. Lo de más, es el golpe al ego del presidencialismo mexicano: uno de sus tlatoanis sexenales ha reconocido que no es más que un simple y "gris" mortal que también puede sufrir senilidad y dejar de hilar coherentemente sus ideas.
Al menos fue él mismo ex presidente quién reconoció andar corto de cecera y no necesito que algún vasallo irreverente, como en el cuento del traje nuevo del rey, le dijera que va por ahí pavonéandose desnudo de ideas cuando él se siente arropado por el más lujoso de los trajes. Seguramente nuevo... y seguramente gris.
Partimos mal desde ahí: dejarme sin caricaturas a esa edad por un eterno bla bla bla es una afrenta y de las graves. Si a eso le sumamos lo que años después me fue dado leer en las crónicas periodísticas, como el abucheo (ese sí "encadenado") en el Estadio Azteca en la inauguración del Mundial de 1986, así como su bien ganada fama de ser "incluso más gris que sus trajes", mi concepto del licenciado De la Madrid no está, por decirlo de alguna manera, en lo más alto de un pedestal.
Y fue tan gris, que es el único Presidente mexicano que después de terminar su mandato ha tomado un cargo público como un burócrata más: el colimense fue de 1990 a 2000 Director del Fondo de Cultura Económica, un cargo evidentemente mucho menor que el que ocupó como Jefe del Ejecutivo; incluso, durante su sexenio cuentan que el Presidente Zedillo (1994-2000) se refería a De la Madrid como "mi empleado"...
Ahora con el escándalo por la entrevista que concedió el ex presidente a Carmen Aristegui, en la que acusa a su sucesor en el gobierno, Carlos Salinas, de inmoral, corrupto y robar la mitad de la partida secreta para gastos políticos y sobre todo su posterior retractación en una carta firmada por él, en la que asegura que por su estado de salud no puede "procesar adecuadamente diálogos o cuestionamientos" y sus respuestas en dicha entrevista "carecen de validez y exactitud", dejan a la investidura presidencial por los suelos.
Palabras más o menos De la Madrid fingió demencia para darle la vuelta a sus palabras. Que sí fue una maniobra orquestada por el PRI para "limpiar" a Salinas, o si es real que sus padecimientos le han hecho perder hasta una tercera parte de sus funciones cerebrales (así lo dice CSG en otra carta), es lo de menos. Lo de más, es el golpe al ego del presidencialismo mexicano: uno de sus tlatoanis sexenales ha reconocido que no es más que un simple y "gris" mortal que también puede sufrir senilidad y dejar de hilar coherentemente sus ideas.
Al menos fue él mismo ex presidente quién reconoció andar corto de cecera y no necesito que algún vasallo irreverente, como en el cuento del traje nuevo del rey, le dijera que va por ahí pavonéandose desnudo de ideas cuando él se siente arropado por el más lujoso de los trajes. Seguramente nuevo... y seguramente gris.
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