Influenza
Apenas transcurridos unos días de los avionazos del 11 de septiembre de 2001 y mientras la prensa se decantaba por satanizar al Islam y pronosticar una inminente guerra, acaso de magnitudes globales, Mario Vargas Llosa encontró una conclusión discreta para el lamentable suceso que millares de personas alrededor del mundo hemos podido percibir: vivimos en un mundo menos libre a partir del 11-S.
Me atrevo a traer a cuento el suceso más importante del siglo debido a que me ha tocado pedecer toda esta emergencia sanitaria provocada por el descubrimiento y propagación de la ahora llamada influenza humana... En Guadalajara no se han comprobado aún casos de la enfermedad, por lo que mi percepción del mal seguramente será muy diferente comparada con la de algún defeño, puesto que "la tristemente célebre Ciudad de México" se ha erigido como la capital mundial de la influenza humana.
No comentaré el impacto en mi vida laboral por dos razones: no es la primera vez que trabajo en la casa, y, una de las principales razones para jugar con éstas líneas es precisamente evadirme de mis actividades laborales. Sin embargo, el impacto mayor del encierro sanitario, me parece, ha sido en el tiempo que el tedio nos ha ganado éstos últimos días y las limitadas opciones que la contingencia nos ha dejado para torear el ocio...
No tenemos teatro, ni cines, ni futbol en el estadio. No se antoja comer fuera cuando algún mortal virus anda por ahí pululando... Digo, ni siquiera a los creyentes nos han dado la opción de ir a la Iglesia a escuchar al padre Pepé renegar de los papás que no pueden callar a sus niños pequeños. El cerco sanitario también nos ha hecho menos libres para disponer de nuestro tiempo libre y ocupado de la manera que mejor nos plazca...
Elogio del cubrebocas
Una de las muestras mas palpables de que un fantasma anda rondando las calles de esta noble y leal, el fantasma de la influenza, es la proliferaciòn en el uso del cubrebocas (aunque su uso viene a la bajo en los últimos días). Azules, blancos, de dos tiras, tipo fumigador y hasta con la barbilla pintada de Homero Simpson, los cubrebocas se han puesto de moda de manera efìmera y circunstancial entre los tapatíos. Me tocó ver incluso la estatua de un Niño Héroe portando su cubrebocas azul cielo mientras empuña estoico su rifle de acero.
Reconozco también que hubo quien trajo el aditamente colgado al cuello unicamente, como si fuera corbata de moño o como dijera mi amiga Lety, para desempolvar un poco su frustrado sueño de ser doctor. Policías, repartidores, vendedores ambulantes, choferes, taxistas, taqueros... Como quien se pone la verde en época de Mundial.
Hoy por la mañana escuché al secretario de salud de la entidad, decir no sé si bromeando, que la gente ha relajado el uso del cubrebocas. Sugirió que a pesar que el precio de la telita ha subido hasta 500%, la ciudadanía debía buscar la manera de ponerse algo para cubrir su nariz y boca: incluso un paliacate. Menuda sugerencia: de parecer médicos y enferrmeras recorriendo la ciudad, nos quieren transfigurar en bandidos del viejo oeste hollywodense... Después habrá quien se ponga la máscara del Místico, antifaz y sombrero como el Llanero Solitario, vendas estilo Ninja o momia de Guanajuato. Un hallowen influenzado pues...
Los días por venir
Se supone que la próxima semana el país volverá a una relativa normalidad, excluyendo acaso la vida escolar. Ojala sea así. Ardo en ganas de ir al cine, de poder visitar un museo, de entrar al teatro de la mano de mi novia. Extraño ir a Los Equipales y los de Wings con mis amigos. La oficina no la extraño todavía, pero en algún momento me molestaré de los vendedores ambulantes y del camión del gas, que como yo, estarán en plena actividad productiva.
Extraño poder ir al Estadio. ¡Vaya! Extraño hasta los sermones en el siempre atiborrado templo Expiatorio y su promesa de redención posterior: un suculento vasote de elotes con crema.
Me atrevo a traer a cuento el suceso más importante del siglo debido a que me ha tocado pedecer toda esta emergencia sanitaria provocada por el descubrimiento y propagación de la ahora llamada influenza humana... En Guadalajara no se han comprobado aún casos de la enfermedad, por lo que mi percepción del mal seguramente será muy diferente comparada con la de algún defeño, puesto que "la tristemente célebre Ciudad de México" se ha erigido como la capital mundial de la influenza humana.
No comentaré el impacto en mi vida laboral por dos razones: no es la primera vez que trabajo en la casa, y, una de las principales razones para jugar con éstas líneas es precisamente evadirme de mis actividades laborales. Sin embargo, el impacto mayor del encierro sanitario, me parece, ha sido en el tiempo que el tedio nos ha ganado éstos últimos días y las limitadas opciones que la contingencia nos ha dejado para torear el ocio...
No tenemos teatro, ni cines, ni futbol en el estadio. No se antoja comer fuera cuando algún mortal virus anda por ahí pululando... Digo, ni siquiera a los creyentes nos han dado la opción de ir a la Iglesia a escuchar al padre Pepé renegar de los papás que no pueden callar a sus niños pequeños. El cerco sanitario también nos ha hecho menos libres para disponer de nuestro tiempo libre y ocupado de la manera que mejor nos plazca...
Elogio del cubrebocas
Una de las muestras mas palpables de que un fantasma anda rondando las calles de esta noble y leal, el fantasma de la influenza, es la proliferaciòn en el uso del cubrebocas (aunque su uso viene a la bajo en los últimos días). Azules, blancos, de dos tiras, tipo fumigador y hasta con la barbilla pintada de Homero Simpson, los cubrebocas se han puesto de moda de manera efìmera y circunstancial entre los tapatíos. Me tocó ver incluso la estatua de un Niño Héroe portando su cubrebocas azul cielo mientras empuña estoico su rifle de acero.
Reconozco también que hubo quien trajo el aditamente colgado al cuello unicamente, como si fuera corbata de moño o como dijera mi amiga Lety, para desempolvar un poco su frustrado sueño de ser doctor. Policías, repartidores, vendedores ambulantes, choferes, taxistas, taqueros... Como quien se pone la verde en época de Mundial.
Hoy por la mañana escuché al secretario de salud de la entidad, decir no sé si bromeando, que la gente ha relajado el uso del cubrebocas. Sugirió que a pesar que el precio de la telita ha subido hasta 500%, la ciudadanía debía buscar la manera de ponerse algo para cubrir su nariz y boca: incluso un paliacate. Menuda sugerencia: de parecer médicos y enferrmeras recorriendo la ciudad, nos quieren transfigurar en bandidos del viejo oeste hollywodense... Después habrá quien se ponga la máscara del Místico, antifaz y sombrero como el Llanero Solitario, vendas estilo Ninja o momia de Guanajuato. Un hallowen influenzado pues...
Los días por venir
Se supone que la próxima semana el país volverá a una relativa normalidad, excluyendo acaso la vida escolar. Ojala sea así. Ardo en ganas de ir al cine, de poder visitar un museo, de entrar al teatro de la mano de mi novia. Extraño ir a Los Equipales y los de Wings con mis amigos. La oficina no la extraño todavía, pero en algún momento me molestaré de los vendedores ambulantes y del camión del gas, que como yo, estarán en plena actividad productiva.
Extraño poder ir al Estadio. ¡Vaya! Extraño hasta los sermones en el siempre atiborrado templo Expiatorio y su promesa de redención posterior: un suculento vasote de elotes con crema.
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